¿Quiénes fueron las “Mujeres de las Defensas”?

El 2 de enero se recuerda un nuevo aniversario de la tercera Defensa de Paysandú. En el último tiempo se ha realizado un interesante trabajo de rescate de las figuras femeninas de las tres históricas defensas de la ciudad, concretándose un mural, una muestra itinerante y un libro que también trata el tema.

Es algo muy bueno dado que los textos de historia registran escasamente los pormenores de los episodios de las defensas de Paysandú y, menos aún, la historia de sus variados protagonistas por lo que es necesario recurrir a literatura especializada, algunos artículos de prensa o las propias –y escasas- memorias de los defensores, entre otros posibles documentos, para rescatar el trajinar de hombres y mujeres de aquellos difíciles y heroicos momentos.

Mural sobre Mujeres defensoras de Paysandú

Compartimos un artículo publicado en la revista Quinto Día de El Telégrafo, que aporta al rescate de la figura de tres mujeres defensoras de Paysandú, que desde el lugar que ocupaban en la sociedad local del siglo XIX, tuvieron una participación de relevancia en relación a las Defensas de Paysandú: la lancera María Abiaré (China María) fue probablemente la primer mujer caída como lancera en la Revolución Oriental; María Magdalena Pons, mujer audaz que puso en juego su vida llevando correspondencia entre el gobierno y los defensores y, María Rosa Rey, quien tuvo destacado rol en el cuidado de los heridos bajo condiciones extremas en Hospital de Sangre y en apoyo a los defensores bajo el mando del general Leandro Gómez.

Evidentemente, las antes señaladas no fueron las únicas mujeres con participación en las históricas “defensas” que han otorgado a esta ciudad el reconocimiento de “Heroica”. No obstante, con acciones públicas de memoria, como su representación en un mural –ubicado en República Argentina 1680, pasando Bulevar Artigas-, se comienza a desvelar su silenciada existencia, sus perfiles excepcionales y su preponderante rol en una época en la que, en general, la constitución patriarcal de la sociedad dejaba a las mujeres escaso margen de participación más allá de los confines de lo doméstico.

María Abiaré (China María)

Conocida por el sobrenombre de “China María” y casada con el patriota José Abiaré, María Abiaré participó como lancera en la defensa del primer sitio del ejército luso a la ciudad de Paysandú, ocurrido en agosto de 1811. Fue probablemente la primera mujer caída como lancera durante la Revolución Oriental.

Junto a cincuenta hombres, al mando del teniente coronel de Blandengues Francisco Bicudo resistió valientemente el ataque portugués en la naciente población sanducera en una cruenta y desigual batalla, donde cayó herida, falleciendo el 30 de 1811.

Es considerada una de las heroínas silenciadas de las independencias hispanoamericanas y en 2016 la investigadora Ana Belén García López la incluyó en el libro “Las heroínas silenciadas en las independencias hispanoamericanas” (2013) que repasa la participación de estas mujeres en dichas gestas emancipadoras.

En “Protagonistas y y olvidadas. De la mujer de la Independencia a la independencia de la mujer” (2008) la investigadora Gabriela Fuentes Álvarez señala que el comandante de las tropas imperiales portuguesas, Bentos Manuel Ribeiro, viendo la inferioridad numérica de las fuerzas patriotas, intimó a los liderados por Bicudo a rendirse.  Sin embargo, las huestes artiguistas resistieron a pura lanza. “La ‘China María’, dotada de un admirable coraje, participó de la cruenta batalla armada con su lanza. En una pelea totalmente despareja fue herida por las fuerzas invasoras. (…) María falleció el 30 de agosto de 1811, luego de alcanzar cristiana confesión”.

Según la anécdota que ha permanecido en el tiempo, el párroco de la iglesia de Paysandú, Silverio Martínez, iba inclinándose sobre los cuerpos caídos, para darles la absolución cristiana a los que estaban en las puertas de la muerte cuando vio un caballo muerto que apretaba a su jinete agonizante. Se acerco presuroso en ayuda del hombre; pero con sorpresa vio que, aun con el arma en mano, era el de la india María Abiaré. Su esposo, José Abiaré se había retirado del suelo sanducero para luchar junto a Artigas. Con las pocas fuerzas que le quedaban, ella explicó: “Mi hombre…está muy lejos…con los patriotas. Yo…ocupe su lugar.

Según consigna Aníbal Barrios Pintos en “Paysandú en escorzo histórico” (1978) en el libro I de Entierros, folios 43 y 44, el presbítero Silverio Martínez certifica la muerte de 18 defensores, entre ellos la China María quién alcanzó confesión al igual que Francisco Bicudo, José Mariano Ramírez y José Silva.

María Magdalena Pons

Nacida el 6 de octubre de 1841 – un año antes que su hermano Rafael, destacada figura del Partido Blanco y uno de los defensores de Paysandú- María Magdalena Pons Olivera perteneció a una familia de origen montevideano que emigró a Cardal al ceñirse el sitio de Montevideo en 1843 y, luego de la caída de Salto en 1864 se traslada a Paysandú al incorporarse éste a los cuadros defensivos de nuestra ciudad.

María Magdalena Pons.

En su “Historia de Paysandú: diccionario biográfico” (1958) Augusto Schulkin cuenta cómo fue que María Magdalena Pons terminó llevando secretamente correspondencia entre el gobierno y los defensores de Paysandú: “María Centurión, bravía hija natural de Artigas –chasque durante la Guerra Grande- había sido comisionada por Andrés Gómez para introducir en el pueblo las comunicaciones del Ministerio de Guerra. Fracasado este intento por ser demasiado conocida, resolvió le subrogara doña Magdalena Pons, entusiasta joven y ardiente partidaria del Gobierno”. “Más feliz esta vez, pudo concretarse la difícil comisión por manos de la distinguida compatriota, ya que logró eludir inconvenientes hasta trasponer el recinto fortificado el 12 de diciembre de 1864 por la esquina del Ancla Dorada, burlando la vigilancia del enemigo”.

Afirma el capitán Hermógenes Masanti en su “Diario de Guerra: sobre la Defensa de Paysandú. 1864-1865” que por esta mediación de Magdalena Pons se supo el próximo arribo del general Juan Saá, auxilio que luego fue desbaratado antes de cruzar Arroyo Negro, “confirmándose además el buen trato que recibían las familias emigradas el día 9 y las providencias del gobernador de Entre Ríos, brigadier general Justo José de Urquiza”. La valiente mujer burlaba la vigilancia llevando las cartas en el ruedo de sus vestidos.

Años después, a punto de casarse con el ingeniero Enrique Reissig, éste enfermó y murió antes de la boda, dedicándose ella a los estudios magisteriales, profesión de la que llegó a jubilarse. Murió el 6 de junio de 1940, a los 99 años de edad.

María Rosa Rey de González

María Rosa del Corazón de Jesús Rey de González fue otra de las heroínas de la Defensa liderada por el general Leandro Gómez. Nació el 30 de agosto de 1827 en Montevideo en una familia acaudalada y de notorio destaque en la época colonial, la cual padeció el exilio durante la Guerra Grande y se radicó en Paysandú.

Rosa Rey se casó en 1849 con Torcuato González, hijo de una conocida familia capitalina, quien junto con sus hermanos Federico y Lindoro González se hicieron cargo, luego de la paz de 1851, de las estancias paternas existentes en el Queguay, razón de su afincamiento en Paysandú.  A su vez, Torcuato González compró y edificó un terreno frente a la Plaza Constitución de Paysandú, con dos edificios célebres en las actividades sociales de la época en la Villa.

De acuerdo la referida reseña biográfica realizada por Schulkin, al sobrevenir el primer bombardeo a la ciudad el 6 de diciembre de 1864, doña Isabel Olaguibe y sus hijas Rosa Rey de González, Isabel Rey de Pol y Basilia Rey de González, se guarecieron en la sede del Consulado Francés por invitación de su titular, señor Miramont, donde al estallar una granada Rosa fue herida en la cabeza por una pequeña esquirla. “Este bautismo de sangre no obstó para mantenerse en el recinto fortificado al comenzar el éxodo de las familias, tras el plazo acordado por los sitiadores el 10 de diciembre.  Dispuesta al sacrificio al ceñirse el sitio y sin otra compañía que su provecta madre y una sirvienta, prestó invalorables servicios en el Hospital de Sangre y la Comandancia, edificio este último batido por la metralla, bajo cuyos escombros estuvo a punto de quedar sepultada” (Schulkin, 1958).

Tanto el capitán Hermógenes Masanti en la publicación antes mencionada así como  Orlando Ribero en su “Recuerdo de la Defensa de Paysandú” (1901), enaltecen la figura de Rosa Rey de González durante los días más críticos del sitio a Paysandú. “Las señoras que quedaron dentro del recinto de la defensa, después de la tregua, fueron: doña Rosa Rey de González su madre doña Isabel Rey, una sirvienta, doña Dolores Francia, quien quiso presenciar su suerte que corrieran sus sobrinos, quedándose dentro de las trincheras; Josefa Catalá de Ribero, Adelina Ribero de Aberasturi, la nombrada viuda del doctor Berengell y sus hijas, la señora del Capitán Laudelino Cortés, doña Juana González de Aberasturi, tres o cuatro mujeres de soldados y no sé si alguna otra señora más, quienes tuvieron valor suficiente para afrontar los peligros que se diseñaban ya en la cruenta lucha que nos esperaba e íbamos a afrontar”, relata Masanti.

Más adelante refiriéndose a Rosa Rey de González dice: “La señora de Torcuato González es una heroína pues despreciando los peligros y con riesgo de su vida, se la ve alcanzar baldes de agua a los cantones, para que sus defensores aplaquen la sed, o ya con su propia mano vendar las heridas de algún valiente de la guarnición, haciendo uso de sus propias ropas cuando se le agotaban las tiras de lienzo de la que estaba provista (…) su esposo le pedía que se retirara, ella le respondía: -‘ ¿Y tú no estás aquí cumpliendo con tu deber? Pues donde se halle mi esposo quiero encontrarme yo. Ese es también mi deber. No te abandono por más que me lo exijas’”. Además de su marido, también sus hermanos Manuel y Ezequiel Rey se encontraban entre los defensores de Paysandú.

“Enardecida por el ejemplo de los suyos aquella dama de suave y delicada prestancia, apacible figura del gran mundo lugareño trastocó el carácter con energía sobrehumana”, expresa Schulkin, quien agrega que cuando se agotó la reserva de fulminante, “quedó a su cargo el corte de los fósforos y la confección de bolsitas, tarea rutinaria cumplida hasta el fin, no obstante el cansancio de las manos llagadas y el esfuerzo agotador de cada día”.

Un breve artículo titulado “La Mujer uruguaya en la Defensa” publicado en el Álbum de El diario (1933) señala que Rosa Rey de González se ofreció un día a don Leandro (Gómez), para oficiar de parlamentario. “El heroico jefe se negó a aceptar el ofrecimiento; pero ante sus insistencia, utilizó sus servicios en un pedido de tregua para levantar a los muertos y atender a los heridos. Iba doña Rosa con la cabeza envuelta en una toalla blanca y una banderola blanca en la mano”.

Por su parte, Orlando Ribero en su Diario recuerda el accionar de esta dama y su madre al caer la plaza: “en medio de aquel tumulto de soldados de los ejércitos brasilero y revolucionario, apareció la señora Rosa Rey de González, con una toalla enarbolada en un palo de escoba, seguida por su madre, doña Isabel Rey y una sirvienta. Exhortaba a los vencedores a la clemencia para los vencidos, se mezclaba en todos los grupos, hasta que dio con su esposo, que se encontraba en uno de aquellos”.

Por Carol Guilleminot, publicado originalmente en la revista Quinto Día de El Telégrafo en enero de 2019.

Artículos relacionados:

¿Dónde leer sobre la Defensa de Paysandú?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *