El pasajero 47 y la chica de Tom Cruise: Crónicas de viaje, de Martín Generali

En primer lugar, quiero advertirles que éste no es un libro de viajes. Es un libro de crónicas de viaje. Su autor, Martín Generali, alguien que tiene motivos y una perspectiva particular del viaje, periodista sanducero actualmente radicado en Buenos Aires.

La palabra crónica viene de «Chronos», por el dios griego que personifica el tiempo. La dimensión temporal es importante en la crónica como género. La crónica implica un desarrollo temporal de las acciones pero también una mediación y un contexto.

La mediación de quien escribe, testigo -y en este caso participante- de los hechos narrados y el contexto del mundo, micro o macro mundo donde el cronista se mueve.

Este cronista, Martín, nos entrega en este libro 22 crónicas que conforman una estructura narrativa que es lineal en cuanto a su presentación como etapas de un viaje interior (Partida, Conexión, Arribo) pero que en el texto incluye muchos desplazamientos exteriores segurmaente no correlativos en el tiempo, periplos recorridos entre 2013 y 2016 en múltiples destinos.

Pero además, en un movimiento envolvente entre el mundo exterior y el interior de viajero, cada crónica va precedida de un texto decididamente en cursiva en el que el cronista se revela a si mismo en forma de pensamientos y reflexiones a propósito de la gente que encuentra en su derrotero por el mundo y de las sensaciones, sentimientos y recuerdos que le provocan el contacto con esos mundos nuevos que descubre y recorre cada vez que desciende de un avión, de un tren, de un ómnibus o de un recorrido a campo traviesa por la selva. Reflexiones de viajero y del mismo hecho de viajar.

Motivos para viajar

La escritura de Martín nos ofrece la posibilidad de viajar con él, lejos de las propuestas de las agencias de turismo y los all inclusive. El quiere conocer los países desde adentro, desde las vicisitudes diarias de su gente, conversando en un bar o jugando un partido de fútbol con niños de la selva caribeña que preguntan si Uruguay está lejos y si podrían llegar caminando. España, Alemania, Italia, Venezuela, Guatemala, Chile, Perú, México, San Salvador, Colombia son algunos de sus destinos.

Sobre cada lugar, cada crónica abre perspectivas, miradas, descubre personas, vivencias, paisajes y nos invita a mirar esos paisajes, no desde una mirada que los exotiza, sino desde una mirada entrañable y próxima de quienes los habitan, los disfrutan y los sufren.

Hay muchas personas nombradas en las crónicas. Todos reales, a quienes inmortaliza en su condición de viajeros por más que hoy algunos ya no lo sean.  Cada uno con un motivo para viajar. O quizá todos con el mismo motivo esencial…

“Viajamos para ser otros o éramos otros en el bosque de oficinas donde decíamos vivir la que llamábamos nuestra vida”

“Viajando somos la resistencia, por aquello de no querer quedarnos quietos. Por el intento de no querer parecernos a cosas”

Soledad del viajero

Es fácil encontrar a Martín en el relato del viaje. Aunque casi no hable de sí mismo, enseguida surge la voz clara de un Martín a veces simple testigo, a veces protagonista, a veces nostálgico, tierno, a veces crítico, irónico o humorista, pero  muy lúcido, nos lleva de viaje consigo, nos presenta sus compañeros de hostels, los amigos que hace, sus compañeros de viaje, sus encuentros, reencuentros y las despedidas que a veces son con personas y otras de un lugar al que se mira como sólo lo mira un viajero que se va.

Quienes han tenido la oportunidad de viajar saben a qué me refiero: esa mirada que se bebe una puesta de sol, un valle, una ciudad que se cree que no se volverá a pisar y que es la misma mirada bien conocemos los que hemos tenido la bendición de abuelas longevas porque la hemos visto en su rostro cada vez que nos íbamos de su casa. «En memoria de mi abuela que me abrazaba al volver», dice Martín en su dedicatoria.

De esos amores -y de otros tipos de amor- también habla este libro en el que el viajero deja entrever que empezó a viajar en el patio de su casa cuando era niño y su padre abría los brazos como alas cada vez que pasaba un avión a chorro.  Como dice Paula Simonetti en su reseña, “hay en este libro un hijo que emprende vuelo y un padre que simula volar, abriendo los brazos, con los pies clavados en su casa natal en Paysandú, la misma a la que el pasajero 47 regresa al final del libro”, que -esto lo digo yo- ya no es el mismo Martín de las primeras páginas como tampoco nostros somos los mismos después de leer este libro que nos invita al viaje y después nos trae a casa.

En ese sentido, seguramente tenía razón Sara, una de las viajeras cuya vida se cruzó en algún lugar del mundo el pasajero 47 antes de volver a su Paysandú natal y trasladarse a Buenos Aires, donde actualmente transcurre su vida:

“- De modo que uno viaja para regresar – resumió Sara, desnudando su deseo, tan alemán, de un resultado concreto”.



Agradezco a Martín Generali la invitación para acompañarlo en la presentación de su libro en la 6ta. Feria del Libro de Paysandú (2019).