(Por Carol Guilleminot). Desde fines del siglo XIX Paysandú contó con varios periódicos y publicaciones de carácter satírico-burlescas, así como semanarios de caricaturas en los que el humor era el principal condimento. Un ejemplo de ellos es «El Gráfico», algunas de cuyas páginas compartimos.

Los espacios dedicados al humor tienen larga tradición en la prensa uruguaya, que ya los cultivaba en el siglo XIX, sobre todo en la dictadura del coronel Lorenzo Latorre (1875-79), y mucho más, antes, en el fragor de la generación “principista” (los nacidos hacia 1840).

La contienda política se valió de singulares caricaturas y dibujos que aportaron el apunte satírico desde un conjunto de revistas efímeras. Ya entrado el siglo XX circularon en Montevideo y varias capitales del Interior suplementos, páginas de humor y pequeñas revistas. ¿Cuándo la sociedad comienza a reírse de sí misma? ¿Por qué lo hace?

Independientemente de las explicaciones que puedan venir desde el ámbito de la sicología social o la sociología, cabe recordar las que provienen de la literatura, ámbito de tan intrincadas raíces con el periodismo.

En este sentido, Mijail Bajtin sostiene que la cultura popular, en todas las etapas de su evolución, elabora un punto de vista propio acerca del mundo y formas especiales para reflejarlo artísticamente en oposición a la “cultura oficial” (Rabelais y Gogol. El arte de la palabra y la cultura popular de la risa, en Teoría y estética de la novela, 1989), mientras que el uruguayo Ángel Rama anota que “cuando una cultura se incorpora al espíritu crítico, no deja ningún espacio de las manifestaciones intelectuales sin contagiar el mismo afán (…) Todos esos productos se sostendrán unitariamente por la misma operación intelectual: el cuestionamiento a las formas establecidas” (La generación crítica 1939 -1969: Panoramas, 1972).

Humor e ironía en páginas sanduceras

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En la Biblioteca Nacional se guardan ejemplares de las publicaciones sanduceras “El Gráfico” (1903) y “La Carcajada” (1903), pero según el historiador Augusto Schulkin hubo varias de carácter satírico-burlesco. Entre ellos cita a “El Papagayo”, iniciado en 1870 y el “Tiquis-Miquis”, que apareció el 14 de mayo de 1893 editado por la imprenta de “El Pueblo”.

“El Pica Pica”, que apareció el 19 de junio de 1871, redactado por Eduardo Calderón; “El Domingo” de “El Progreso” (1884) y “El Tapón”, cuyo primer número data del 8 de junio de 1884, son otros de los integrantes de esta lista de publicaciones cuyo centro era el humor y la sátira.

A ellos cabe agregar “El Defensor”, iniciado en agosto de 1885 por M. Nunes Pereyra; un semanario literario y satírico llamado “El Látigo”, que apareció en 1891 y “La Bomba”, un semanario publicado a partir de mayo de 1885 en defensa del “bello sexo”.

Aunque con distinto carácter, data de esta época “El Paysandú Social”, dirigido por R. Dolf, cuyo primer número fue editado el 4 de junio de 1889.

Según el historiador Aníbal Barrios Pintos (Paysandú en escorzo histórico, 1979), aunque se ignora si se hizo efectiva, entre 1881 y 1885 se anunció la aparición de los periódicos “El Pasatiempo”, “La revolución” (órgano redactado por emigrantes entrerrianos y con ideas contrarias al régimen político de Entre Ríos en la época) y “La Hoja Misteriosa”.

“El Gráfico”

Segundo ejemplar publicado por El Gráfico, en febrero de 1903.

Aunque los números de “El Gráfico” son escasos y en la Biblioteca Nacional –donde hasta donde sabemos están los únicos que existen—solo se guarda un ejemplar del mes de febrero de 1903, esta publicación llama la atención al lector moderno por la calidad de sus dibujos y, fundamentalmente la excelente impresión a todo color.

El primer número del semanario de caricaturas “El Gráfico” fue publicado el 22 de febrero de 1903. Su administrador y propietario era Juan Otino y su edición se preparaba en la calle 18 de julio al 300. El precio del ejemplar era de $ 0,04 y la suscripción mensual costaba $0,20. Los dibujos están firmados con seudónimos como “Chopin”, “Cayo Vinicio”, “Claron” y “Grafito”.

Página del diario satírico "El Gráfico",  ejemplar febrero de 1903, año 1, nro. 2. Muestra distintas caricaturas a color, entre ellas una Martín Etchebarne, concesionario de la primera usina de luz eléctrica de Paysandú.
«Como al poder de un conjuro / brota el rostro de Etchebarne / Arco voltaico hecho carne / para salir de lo obscuro». Caricatura de Martín Etchebarne, concesionario de la primera usina eléctrica de Paysandú, inaugurada en 1901 (*).

“El Gráfico” tuvo la virtud de caricaturizar la realidad sanducera de la época. Y, con pocas palabras pero apelando al valor de la imagen, el humor, la ironía, el chiste y la gracia, mucho decía de los acontecimientos del momento.

Por otra parte, cabe destacar la excelente calidad del papel utilizado y la impresión a color, lo que seguramente constituía toda una hazaña para la época. Precisamente, lo que más llama la atención un siglo después de haber salido de la imprenta es que sus colores permanezcan prácticamente intactos.

(*) Nota: La concesión de la usina eléctrica de Paysandú «fue otorgada por la Junta Económico Administrativa de Paysandú a Don Martín Etchebarne, el 29 de octubre de 1899 y luego de haber informado de conformidad el Departamento Nacional de Ingenieros, la Contaduría General del Estado y el Fiscal de Gobierno, el Presidente Cuestas resolvió, el 15 de marzo de 1900, aprobar la decisión de la junta. El 24 de abril de ese mismo año se firmó la escritura de concesión. El plazo de la concesión se fijaba en 20 años, a cuyo vencimiento toda la instalación pasaría a la Junta. Posteriormente, por otros documentos, se estableció el plazo de 30 años y luego, ya en funcionamiento el alumbrado, se dejó sentado que el plazo vencía el 1º de diciembre de 1931”. (MEDINA VIDAL, M. Reseña Histórica de la UTE. p. 174 y ss citado por BERTONI, R. Economía y cambio técnico : adopción y difusión de la energía eléctrica en Uruguay: 1880-1980. Tesis de maestría, Universidad de la República. Facultad de Ciencias Sociales. Unidad Multidisciplinaria, 2002.)


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