En una época donde lo manual ha pasado a un segundo plano, cuatro mujeres recorren el país siguiendo el rastro de una expresión textil desarrollada por manos femeninas y que, por su naturaleza doméstica, es poco conocida. Difundir la vigencia de las mantas traperas es su objetivo y así, apuntan a revalorizar una vieja tradición uruguaya.

“A partir del interés por las expresiones locales de esta tradición textil un grupo de mujeres, unidas por del interés de usar las manos como medio de expresión, comenzamos a recopilar historias y anécdotas de mantas traperas”, cuenta la sanducera Virginia D’Alto, gestora cultural y tapicista, actualmente radicada en Montevideo. Sus compañeras son Paula Larghero (licenciada en Ciencias Antropológicas), Hersilia Fonseca (licenciada y profesora de Historia) y Cecilia Jones (ingeniera agrónoma).

Su proyecto busca rescatar una tradición que hoy perdura principalmente en hogares rurales o en poblados del interior. Por ser un arte que en general no se comercializa tiene un especial valor como patrimonio cultural adaptado a las necesidades y recursos locales.

La investigación, así como las historias y anécdotas recogidas serán publicadas en un libro financiado por los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura, en tanto que recientemente participaron el primer encuentro realizado por la Red Textil Iberoamericana, desarrollado en Costa Rica.

Mantas traperas

Las traperas son colchas de retazos dispuestos en sucesivas capas, aprovechando ropa vieja, telas o materiales ya en desuso, a veces con partes tejidas a dos agujas o crochet, que las mujeres fabrican para cubrir sus necesidades de abrigo.

“Sin afán estético pero con sentido utilitario, las mantas traperas logran finalmente crear una estética: la estética de la manta trapera, que le es propia e inconfundible”, afirman.

Hay una diversidad de técnicas para su realización, que aún es necesario relevar, pero en general, la capa exterior de la manta es la que se realiza con mayor cuidado, tanto en el uso de las telas –las más suaves, las que están en mejor estado, las de mayor colorido– como en la disposición para formar patrones o figuras geométricas.

Sin embargo, muchas veces está en su interior el tesoro a descubrir: camisetas estampadas junto a buzos de lana desarmados, o polleras a cuadros descosidas, formando capas cosidas con grandes puntadas de hilo blanco o negro, tratando de mantener lo diferente bien unido. Con la superposición de capas que almacenan aire tibio entre una y otra se asegura el calor.

Historias y vivencias entre telas y puntadas

Sobre su trabajo de investigación, Victoria, Paula, Cecilia y Hersilia comentaron que “con el correr del tiempo, desde una sensibilidad desarrollada por estas producciones textiles, y apoyadas en el conocimiento de los quilts norteamericanos, comenzamos a interesarnos e identificar la producción de mantas traperas genuinamente locales”.

En 2009, el grupo realizó visitas a hogares rurales y grupos de costureras donde la tradición de las traperas sigue vigente. “En Rocha, Maldonado y Lavalleja fotografiamos ejemplares de traperas que no son objetos del pasado o decorativos, sino parte de la vida diaria. En Colonia la tradición pervive en manos de las ligas femeninas valdenses, de las cuales ya hemos visitado diversos colectivos”.

“En la diversidad, encontramos por un lado mantas rurales, confeccionadas en el aislamiento propio de ese medio, y por otro, una confección asociada al trabajo comunitario”, dijeron.

“Las visitas realizadas en busca de mantas traperas en general despiertan en nuestras anfitrionas cierta sorpresa por nuestro interés por algo visto por ellas como trivial, poco bello e íntimo. Pero a poco de comenzar a charlar, en el interés común por la costura o el tejido, las historias del pasado empiezan a surgir, así como las vivencias actuales”.

Muestras,y viajes

Fruto de estas visitas del año 2009, el grupo organizó una muestra de Mantas Traperas, que se realizó en la sala de exposiciones de la Alianza Francesa de Montevideo, en setiembre de 2009.

Coincidió con la edición 2009 del Día del Patrimonio en el Uruguay, cuya temática fue “Tradiciones Rurales” y convocó a visitantes interesados en arte textil y público en general.

“Esta muestra fue un feliz descubrimiento para muchos visitantes y dejaron estampado en el libro de visitas el impacto que les produjo ver estas piezas. Las mantas despertaron recuerdos de inviernos en casas de abuelas bajo abrigadas mantas de retazos. A partir de esta primera muestra se han realizada otras en el interior del país y el interés sigue creciendo”, comentaron.

La exposición fue invitada a participar en el XI Festival de Patchwork y Quilt de Gramado, Brasil 2009.  En tanto, con el apoyo del Ministerio de Relaciones Exteriores el proyecto “Mantas traperas”  se presentó en el Ciclo de Conferencias y Talleres del “Primer Encuentro de la Red Textil Iberoamericana. Tradición sostenible e innovación responsable”, realizado en San José, Costa Rica del 3 al 16 de setiembre.

Virginia D´Alto, integrante del grupo, hizo la presentación del mismo como un “proyecto que vale la pena difundir”, recibiendo por parte de los participantes del mismo, representantes de países latinoamericanos, Estados Unidos y Europa, las felicitaciones por la investigación.

Se viene el libro

En una época donde lo manual ha pasado a un segundo plano nuestro proyecto busca sensibilizar sobre una expresión textil desarrollada por manos femeninas que, por su naturaleza doméstica, es poco conocida. Difundir la vigencia de las mantas traperas apunta a revalorizar el trabajo manual.

“En enero de este año, sentimos la necesidad de publicar toda la información que se iba generando. Debido a que no contábamos con recursos económicos propios para hacerlo, decidimos postularlo al Fondo Concursable para la Cultura 2010 – Área Memoria y tradiciones, que organiza  el Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay, creado por la Ley Nº 17930, premiando proyectos artísticos y culturales con la asignación de recursos económicos a aquellos proyectos ganadores. Un jurado integrado por expertos e idóneos en el área a evaluar, seleccionaron al proyecto Mantas Traperas con el máximo puntaje”, contaron.

Es así que en setiembre de 2011 publicarán un libro que recogerá material gráfico, testimonios e historias de mantas traperas, fruto de sus viajes por el país descubriendo estos tesoros.

Ejemplares del libro serán entregados a bibliotecas públicas, escuelas rurales y Centros del Ministerio de Educación y Cultura (Centros MEC) de todo el país, con el fin de integrar su acervo cultural, compartir y difundir esta tradición.

“Es nuestro deseo que este proyecto permita poner en valor una práctica poco difundida fuera del ámbito doméstico local; contribuir a preservar una costumbre que se encuentra en decadencia, amenazada por los avances tecnológicos y la sociedad de consumo, y, brindar nuevas oportunidades de desarrollo de la confección de mantas traperas”, agregaron.

En este sentido, esperan que la difusión y extensión de la experiencia en otras localidades, dando a conocer diferentes técnicas y diseños, posibilite el acercamiento de otras personas a su práctica.

Los orígenes

El origen de esta tradición podría ubicarse hacia el siglo XVII, época en que en España se tiene registro por primera vez de la voz árabe almozala o almazuela, que describe una frazada o manta hecha con restos de telas.

Con los inmigrantes, de Europa pasó a América. En Estados Unidos tuvo un gran desarrollo, siendo tradicional esta práctica entre grupos de mujeres. En Uruguay esta tradición también llegó con los inmigrantes europeos (principalmente italianos, españoles, ingleses y alemanes).

Entre las escasas y valoradas posesiones que éstos trajeron consigo figuraban piezas textiles, muy apreciadas en los hogares, tanto como las herramientas y las semillas. La creatividad y el trabajo manual de las mujeres lograban mantener la tradición y, con escasos recursos, creaban ya estas mantas traperas.

Y como toda tradición, se fue pasando de abuelas a hijas y nietas. Ayudando a cortar, a enhebrar la aguja y otro poco mirando, estas fueron recibiendo los secretos de las mantas. A esto se sumaba que en muchas escuelas rurales, hasta no hace tanto tiempo, era usual enseñar a las niñas labores.

Como otras tradiciones, oficios o costumbres en Uruguay, el de la confección de mantas traperas tiende a desaparecer. Con el paso del tiempo y la aparición de materiales más baratos, la confección de mantas traperas se hizo menos necesaria. A pesar de todo, en muchas regiones del país aún subsiste la práctica de confeccionar abrigo a base de prendas ya en desuso.

Te invito a conocer el blog de Mantas Traperas.

La misma temática es tratada el blog de Cecilia, una trapera correcaminos. Dos de las fotos que ilustran este artículo son suyas.

A este artículo lo escribí, en base a información de Mantas Traperas,   para la revista Quinto Día, donde fue publicado en octubre de 2010.


Written by carol

Periodista, docente, redactora de contenidos para medios digitales

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *