Vía Flickr CC (por Abrego)

Internet se ha convertido en los últimos años en una poderosa herramienta de información y comunicación. Sin embargo, la generalización de su uso plantea también importantes desafíos, especialmente si tenemos en cuenta la apropiación que de este instrumento están haciendo las generaciones más jóvenes, en especial los niños.

Sobre este complejo tema dialogamos con la fonoaudióloga y docente sanducera Amparo Reyes y el doctor Alvaro Berrutti, médico psiquiatra, psicoterapeuta y ex profesor  adjunto de “Psicología de la Educación” de la Licenciatura de Ciencias de la Educación de la Facultad de Humanidades, en la Universidad de la República.

 

Vivimos actualmente una época en la que parece haberse “achicado” el tiempo y el espacio gracias al avance de las comunicaciones y la tecnología. Sin embargo, la postmodernidad plantea relevantes desafíos a los que debe responder el hombre actual y encontrarles un buen uso. Uno de ellos es la saturación de información y el aumento exponencial de la tecnología.

Consultados al respecto, el doctor Alvaro Berrutti y la licenciada Amparo Reyes propusieron un uso “crítico y social” de la tecnología, especialmente cuando se trata de niños.

Ambos consideran que la saturación de información existente en Internet dificulta lo adecuado y relevante y ha cambiado con gran impacto la socialización y el relacionamiento entre las personas. 

La culpa no la tiene la tecnología

“En el mundo en que vivimos la tecnología es importante y si bien Internet encuentra detractores que consideran que no genera verdadero conocimiento, la culpa no la tiene el instrumento: lo importante es el uso que le demos”, afirma Berrutti.

“No hay invento que implica un retroceso, el retroceso lo ponemos nosotros en el uso que le damos”, sostiene Reyes situándose en la misma perspectiva.

Coinciden también en señalar que hay que ser cuidadosos porque la computadora puede llevar a una cierta individualidad y alejamiento de los otros y advierten que “igualar no debe estar contrapuesto a educar para ser un ser social”.

Internet vs. el libro

“Es muy discutido en qué medida Internet es formativa. El libro permite la fantasía, Internet reduce a un conocimiento plano, de pantalla. Si no se imprime, ese conocimiento no queda enraizado en el niño que asiste a un vértigo de información. Si los artículos se imprimen y discuten con otros ya es distinto”, afirma el psiquiatra y especialista en Educación al señalar que “por aspectos perceptivos no es lo mismo si esos la información de Internet se imprime y lee en papel o si se lee directamente en la pantalla”.

“El papel permite la relectura, una fijación diferente y la crítica, que es lo que Internet disminuye tremendamente. A veces se dice que lo que no está en televisión o un diario no existe y ahora parece que lo que existe en Internet es verdad indiscutible mientras que si uno lo lee en un libro o impresiones sacadas de la propia red y las subraya, compara y anota tiene la posibilidad de desarrollar un pensamiento crítico mucho mayor”, añadió.

La fonoaudióloga y educadora Amparo Reyes, que cuenta con casi veinte años de experiencia de trabajo en talleres de lenguaje con niños en etapa pre escolar y escolar,  afirma es fundamental “el estudio en equipo para intercambiar información y no estudiar solo bajando cosas de la computadora” y que es evidente que la falta de lectura lleva al empobrecimiento del lenguaje.

“Tanto en la escritura y lectura, lo que marca la diferencia entre la escritura de los niños de hoy y la de los de mi generación está en la falta de lectura que hay”.

“Cuando uno lee un libro se imagina al personaje y sus características pero además estás viendo las palabras escritas y eso ayuda a aprender a escribir. Por otra parte, es necesario estimular la lectura en voz alta, que el niño escuche lo que lee, le de sentido y emotividad. Hoy causa sorpresa que alguien tenga lectura expresiva, cuando antes era lo más común. Ocurre que lo audiovisual impacta mucho más, es más fácil y llamativo especialmente para una generación que busca lo fácil y rápido donde parece que todo estuviera masticado, desde la hamburguesa y el pancho hasta la tecnología”, añadió.

La escritura: del chat a la clase

La forma en que los jóvenes y niños escriben en el chat, el celular o los mensajes que se estampan en el metroflog o las redes sociales de Internet es sustancialmente diferente a la lengua materna que aprendemos en la escuela y utilizamos diariamente para comunicarnos en el lenguaje ordinario. Abreviaciones, neologismos, sustitución de letras son cosas comunes en los ámbitos virtuales antes señalados. La pregunta es: ¿qué incidencia tiene esto en el aprendizaje de la escritura?
“Las faltas de ortografía se deben en parte al empobrecimiento del lenguaje pero también a que los niños no están acostumbrados a ver el lenguaje escrito, salvo honrosas excepciones que dejan al descubierto la enorme diferencia que hay en el lenguaje de un niño y otro tanto en la producción textual como calidad de la ortografía”, afirma Reyes.

Desde su punto de vista, el lenguaje abreviado que se utiliza en mensajes de texto o el chat podría ser asimilado a la jerga adolescente que siempre existió o a las abreviaciones que utilizamos los adultos cuando tomamos apuntes. “Si en mis apuntes pongo una “x” seguida de una “q” se que eso se lee “porque” y se trata de una elaboración utilizada para un determinado contexto –los apuntes—, que no utilizaría en una carta formal o un texto para mis alumnos.  En un aviso clasificado, por ejemplo, la mayoría de las palabras están abreviadas pero se entiende y se lo considera adecuado a ese contexto…otra cosa sería que el resto del diario estuviera escrito así. Además, para decodificarlo es necesario conocer, previamente el verdadero lenguaje y generalmente eso implica un aprendizaje más profundo”, explicó.

El gran tema, desde su punto de vista, es el uso que se le da a esas reducciones del lenguaje.

“Hay tres aspectos que hacen de una persona un competente lingüístico: uso, forma y contenido. El uso se refiere al contexto y por eso, si escribo en la escuela como en el celular estaría haciendo un mal uso”.

“Creo que el solo hecho de escribir así en el celular o el chat no empobrece si están claras las diferencias y si no se lo utiliza como sustituto de la lengua materna. En este caso es importante considerar la adecuación al contexto porque lo adecuado en un lado puede ser incorrecto en otro. Siempre le digo a mis alumnos que a mí me encanta andar descalza pero sería muy absurdo que vaya a una clase descalza…Si un nene escribe en el chat como en la escuela seguramente será considerado un usuario poco hábil en ese medio y, por otra parte, normalmente no se ve que escriba en la escuela como en el chat. En definitiva, todo depende del uso que se le de”, añadió.

El ícono mata la historia de la palabra

Para el doctor Alvaro Berrutti “el ícono mata la historia de la palabra donde está encerrado el desarrollo del pensamiento y eso empobrece el lenguaje”.

“Las palabras son tremendamente importantes, incluso desde el punto de vista etimológico. En la raíz de la palabra hay conceptos acuñados que vienen desde lo largo de la historia. La raíz de ‘mamá’ quiere decir ‘la que da a luz’, por ejemplo. Esas cosas se pierden en nuevos códigos que no guardan un concepto histórico del desarrollo del pensamiento humano”, afirmó.

Consideró que en este momento “es está dando un fenómeno por el cual las abreviaciones se han vuelto una realidad social no sólo de Internet y los chicos sino en prácticamente todo aquello que es largo de pronunciar”. “Sin embargo, algunos códigos que inventan los chicos llevan a un empobrecimiento del lenguaje en la interacción social con el otro. Una sociedad debe tener una red social que la una pero hoy la mayoría de los chicos no hablan, hablan con pocas palabras y no tienen ninguna facilidad de exposición de desarrollo de su pensamiento”, añadió.

Cada vez hablamos menos

Reyes sostiene que la tecnología en sí no es buena ni mala sino todo depende del uso que le demos. Sin embargo, avizora una amenaza en el horizonte: cada vez hablamos menos.

“Se ha avanzado muchísimo en la velocidad de las comunicaciones y la posibilidad de comunicarse desde nuestra casa con alguien que vive en otra parte del mundo, pero es una comunicación muy mecánica que deja el aspecto personal por fuera. Para saludar a alguien por su cumpleaños, enviamos un mensaje en lugar de charlar, que es otro tipo de intercambio afectivo y personal”.

 “Creo que una de las principales amenazas de estas nuevas tecnologías, paradójicamente, es el empobrecimiento de la comunicación, el tiempo que uno le dedica a los otros, a sus afectos o las personas con las que estamos a diario”, añadió.

Los límites a la compu e Internet, todo un problema

La computadora ejerce, lo mismo que la televisión, un efecto de seducción y atracción visual muy grande. “Los niños van a tender a estar la computadora todo el día. Cómo ponen límites los padres es algo muy importante y es necesario hacerlo desde pequeños. El diálogo es fundamental porque si éstas cosas no se hablan antes será difícil establecerlos posteriormente”, sostiene Berruti.

A los docentes recomendó hacer “un uso crítico y social de la información que a través de Internet van a trabajar con los niños”.

Desde una perspectiva similar, Amparo Reyes sostuvo que es crucial establecer “dónde ponemos el límite” porque “la solución no es dejar de usar la tecnología existente sino establecer claramente los objetivos”. “Me parece que nos cuesta encontrar el punto medio y ver qué cosa suma y qué cosa resta”, agregó.

“Tenemos que ver de qué forma la tecnología puede ser un aliado de quienes queremos trasmitir determinados conocimientos. No podemos dejar que el niño trabaje frente a la computadora sólo por ensayo y error; uno pretende otro tipo de uso”, dijo.

“No creo que haya algo que pueda ir contra el aprendizaje. He trabajado muchos años con maestras y siempre me acuerdo de la maestra Teresa Peña quien decía que un niño, cuando no tiene dificultades aprende a pesar del maestro, a pesar del método o la familia”.

Sin embargo dijo que debe preocuparnos “qué aprendemos y para qué”. “Si uno estuviera educando el niño de hoy sería muy fácil, el problema es que uno está educando al hombre del mañana”, puntualizó.

Desde una perspectiva similar, el doctor Alvaro Berruti consideró que parecería que cada vez estamos más conectados y menos comunicados y que en este tema “se le debe dar participación a los sociólogos” porque “en el fondo está la cuestión de qué sociedad queremos”.

 Publicado originalmente en la revista Quinto Día, artículo redactado por Carol Guilleminot.