Roger Chartier, intelectual francés referente de la Historia de la Lectura, estuvo en Uruguay y Argentina. Lúcido e interesante, como siempre, hablo del libro impreso, el libro digital y las bibliotecas. Compartimos fragmentos de una muy buena entrevista de Natalia Gelós, publicada en La Nación (Buenos Aires), y un video de su pasaje por el programa “En Perspectiva” (Montevideo).

“Si la tentación de la digitalización lleva a la destrucción de los objetos impresos, se produce una pérdida del pasado en el presente. Hay bibliotecas que, porque tenían el microfilm como sustituto, han pensado que podían dejar lo material. La biblioteca es el lugar en el que se puede mantener el vínculo con el pasado, con la obra en su forma material, con las lecturas a través del tiempo”.

“Pensar la protección de estas huellas del pasado en el presente supone decisiones políticas. Políticas de bibliotecas públicas, que pueden ser las defensoras de los libros de hoy; políticas para defender la edición. Y esto se vincula con la segunda definición del libro, la de los discursos: la obra que llamamos libro. Para mí hay una tensión esencial, porque la lectura frente a la pantalla es fragmentada, segmentada, hipertextual y la concepción de los textos va a adquirir una identidad segmentada. El fragmento se autonomiza y la relación con el objeto desaparece. Ahí hay una segunda forma de ruptura con el pasado, que pensaba una obra como totalidad. Nadie estaba obligado a leer todas las páginas, pero la forma impresa del libro o el diario implican una percepción de una totalidad. Cuando estamos frente a la realidad digital, el fragmento no se refiere a ella. Sin la necesidad o el deseo de entrar en la totalidad, el concepto de libro obra podría perderse. Es una posibilidad magnífica para inventar una nueva forma de cultura escrita, pero la pérdida con la relación del pasado aparece cuando eso se aplica a una novela del siglo XVII o un diario del día de hoy. La biblioteca, la librería mantienen la presencia de esos objetos. Hay dos maneras de leer. Ambas tienen su necesidad, pero son muy diferentes. La clásica está vinculada al concepto de espacio y el lector viaja. La lógica del mundo digital pasa por la temática: una palabra, un tema. Se entra directamente en la unidad textual de la que se quiere apoderar. No es tanto un viaje o, si lo es, es un viaje hipertextual”.

“El mundo digital permite textos abiertos, móviles, maleables y que reconocen la participación del lector en el proceso creativo hasta la desaparición de la identidad autoral, pero el mundo electrónico se piensa a través del mundo impreso. Hay una diferencia morfológica pero hay una voluntad de imponer los mismos criterios: nombre de autor, propiedad literaria, que inmoviliza textos móviles, que le impide al lector entrar en la obra porque, sino, ¿cómo se justificaría la propiedad del autor? Se utiliza al libro electrónico dentro de las categorías heredadas y se menosprecia su capacidad de inventiva”.

Compartimos también la entrevista del programa En Perspectiva (Montevideo).

Foto: Wikimedia. 
Fuentes: En Perspectiva; La Nación.

Written by Rotafolio